Observatorios de Héroes de Cavite

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Brasil Hispánico

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Observatorio de los Brasiles Hispánicos

“La Monarquía Universal Española es el término con que se designa en el siglo XVI a un basto conjunto (de territorios y de ciudades, células o unidades indivisibles de dicha Monarquía) que no se consideró desde Felipe II que fuese ni Imperio ni Monarquía nacional moderna, sino una comunidad supranacional en la que se trató de integrar y acomodar a una serie de reinos bajo un mismo rey” (Céspedes del Castillo, 2009 (1ª ed. 1983), págs. 226-233).

Además de saber si el gobierno de Brasil era portugués o no, también es interesante establecer con qué objetivos estratégicos y con que instrumentos específicos se administraba el espacio brasileño en ese período y cómo encajaba en el proyecto imperial español. La integración en la Monarquía Hispánica supuso para Brasil una profunda reorganización administrativa, militar y urbana, cultural, artística, económica y social.

La llegada de las órdenes religiosas, el énfasis en la defensa atlántica, la consolidación de la red de ciudades, la regulación normativa y legislativa de toda la vida de la colonia, el aumento significativo de población afrodescendiente esclava y la expansión de la economía azucarera, de la caza de la ballena, del clavo de cascara o del palo rojo (pau brasil), demuestran el cambio producido en Felipe II que pasó de conquistador a funcionario civil (Elliot, 1998; Santaella Stella, 2000 a)

Tema 1 Brasil, la expansión territorial y la política atlántica

Braudel[1] afirma que, tras incorporar Portugal y permanecer en Lisboa entre 1580 y 1583, Felipe II desplazó el eje de su Imperio del Mediterráneo al Atlántico. El Océano se convirtió en el factor básico de comunicación, enlace y relación entre los reinos peninsulares y los reinos americanos integrados en un mismo coro[2]. Brasil, en palabras de Veríssimo Serrão, «dejaría de ser solo un espejismo para la ambición de las naciones europeas, para integrarse en el complejo atlántico que lo convirtió en un espacio por excelencia en política oceánica».

Esto produciría lo que el propio Veríssimo conceptualiza como el «desplazamiento de un Brasil con marca todavía portuguesa y regional a otro Brasil con concepción hispánica y atlántica».[3] Es probable que se convierta en un factor en la estrategia estratégica de España, y Brasil se convertirá naturalmente en parte de la confrontación global entre España y las grandes potencias que se le oponen, en particular Francia, Inglaterra y los Países Bajos.

[1] BRAUDEL, Fernand. op. cit. (12).

[2] SÁNCHEZ-BARBA, Mario Hernández. La Monarquía Hispánica y América, un destino histórico común, ed.

[3] SERRÃO, Joaquim Veríssimo. op. cit. (2).

Durante el periodo filipino, la Corona Hispánica heredó y reforzó una división administrativa ya insinuada en el último tercio del siglo XVI: el Estado del Brasil, con sede en Salvador, y el Estado del Maranhão y Grão-Pará, creado en 1621 con sede en São Luís y luego Belém. Esta división no solo respondía a necesidades de gestión, sino a realidades geográficas, militares, misioneras y comerciales muy distintas.

Durante la Unión Ibérica, el Brasil fue dotado de un marco legislativo e institucional común que reforzó su integración en la monarquía hispánica.

Las Ordenações Filipinas (1603), promulgadas por Felipe II de Portugal (III de Castilla), constituyeron el cuerpo legal de referencia en todo el territorio, regulando municipios, tierras, esclavitud, minería y organización social, y fueron aplicadas por jueces, gobernadores y cámaras municipales como instrumento de juridificación imperial. En el plano administrativo, el Brasil dependió del Conselho de Portugal, órgano del sistema polisinódico de los Austrias encargado de nombramientos, leyes y control fiscal, hasta que, tras la restauración de 1640, sus funciones pasaron al Conselho Ultramarino creado por João IV. 

A nivel judicial, la fundación del Tribunal da Relação de Salvador en 1609 dio a la colonia su primera corte de segunda instancia en América portuguesa, aplicando las Ordenações Filipinas y resolviendo litigios sobre tierras, comercio, esclavitud y herencias. Con estas estructuras, Salvador se consolidó como capital política, judicial y eclesiástica, y el Brasil alcanzó un grado de institucionalización que consolidó su papel dentro del entramado atlántico de la monarquía.

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Sociedad Hispánica en Brasil

Tema 3 Sociedad hispánica

En paralelo, el Brasil Hispánico fue escenario de interacciones complejas entre europeos, indígenas, africanos y cristianos nuevos.

La esclavitud indígena, inicialmente justificada por “guerras justas”, fue legalmente restringida pero continuó mediante abusos y alianzas intertribales, coexistiendo con misiones evangelizadoras y resistencias.

El tráfico transatlántico de esclavos africanos, formalizado mediante asientos, integró a Brasil en un eje atlántico de plantación y minería, dando lugar a comunidades afrodescendientes urbanas, rurales y quilombolas.

Los cristianos nuevos, pese a la persecución inquisitorial, se insertaron en redes comerciales luso-hispánicas que conectaban azúcar, esclavos y manufacturas entre América, África y Europa. En este mosaico colonial, misiones, ingenios, ciudades portuarias y zonas fronterizas fueron espacios de mestizaje, sincretismo, conflicto y negociación, cuyo legado pervive en la configuración cultural, social y territorial de América Latina.

Tema 4 Arquitectura E ingeniería

Durante la Unión Ibérica (1580–1640), los ingenieros militares del imperio hispánico, mayoritariamente portugueses y con la participación de italianos y castellanos, desempeñaron un papel clave no solo en la construcción de fortificaciones, sino también en el trazado de ciudades y en la proyección de edificios administrativos y religiosos. Figuras como Francisco Frias de Mesquita —ingeniero mayor de Brasil durante más de tres décadas—, Leonardo Turriano o Baccio de Filicaia plasmaron en el litoral brasileño un sistema defensivo de inspiración italiana, adaptado a las realidades tropicales. Estas intervenciones abarcaron desde la región Norte, con el trazado de São Luís de Maranhão y la fundación de Belém do Pará, hasta núcleos estratégicos como Salvador de Bahía, Recife, Río de Janeiro, Santos o São Vicente. En paralelo, los jesuitas —denominados “ingenieros militares de sotana”—, como Gonçalves de Sampéres, contribuyeron decisivamente con conocimientos avanzados de matemáticas y geometría a la construcción de fortalezas emblemáticas, como el Forte dos Reis Magos en Natal..

Tema 5 Ciudades Villas Y Poblaciones

Durante la Unión Ibérica, la fundación de ciudades, villas y poblaciones en Brasil respondió a un modelo jerárquico de ordenamiento urbano inspirado en las Ordenanzas de Felipe II (1573), adaptado al medio tropical y a las necesidades de defensa y colonización. Las ciudades como Salvador, Río de Janeiro, São Luís y Belém fueron diseñadas con trazas regulares en torno a una plaza mayor, donde se concentraban los poderes civil, militar y religioso, simbolizando la presencia imperial. Las villas, de escala menor pero con idéntica lógica morfológica, articularon rutas interiores y territorios agrícolas, sirviendo de puntos de control y expansión local mediante instituciones como la cámara, el pelourinho y la iglesia matriz. Paralelamente, los aldeamientos y reducciones indígenas, organizados por jesuitas y franciscanos bajo amparo de las Ordenações Filipinas, reprodujeron esquemas urbanos con plaza, iglesia, talleres y viviendas comunales, integrando evangelización, control social y defensa. En las fronteras, las misiones guaraníes y amazónicas alcanzaron gran complejidad urbana y territorial, funcionando como verdaderas ciudades religiosas y militares, a la vez centros productivos, educativos y estratégicos que garantizaban la ocupación efectiva y la proyección del imperio en espacios de frontera.

Tema 6 Enemigos del Imperio

“Ingleses y holandeses se han convertido en los amos del mar y del comercio a costa de burlar nuestro poder en tierra (…) Su Majestad debe mantener una gran flota en las aguas de Flandes. No importa que existan sólo dos puertos apropiados, Dunkerque y Ostende. Ambos pueden ofrecer en fondadero seguro (…) para una flota que cerque a los rebeldes y estrangule el comercio que los sustenta hasta destruirlo” Citado en (Sherley, 1961).

La pérdida en 1522, a manos de un corsario francés, de las naves en las que Hernán Cortés enviaba a Carlos V el tesoro de Moctezuma tuvo una doble consecuencia. Por un lado, mostró a Europa las riquezas que podía ofrecer América, y por otro, hizo necesaria la protección de las naves españolas en la travesía atlántica. Durante la Unión Ibérica, la llegada a Brasil de potencias enemigas de España originarias de Inglaterra, Francia y Holanda, incrementará los ataques al litoral brasileño y las necesidades de defensa. Las tareas de fortificación, que ya eran intensas desde prácticamente el descubrimiento, van a multiplicar hasta por cuatro el número de defensas con más de cien piezas o estructuras de defensa por todo el litoral.

Tema 7 Economía y moneda

Durante la Unión Ibérica, el Brasil quedó plenamente integrado en la economía atlántica global de la monarquía hispánica, articulada en torno al real de a ocho, moneda universal que facilitaba el comercio entre Europa, África, Asia y América, y que circulaba libremente en los puertos brasileños. La economía colonial se sustentó principalmente en el azúcar, producido en grandes engenhos esclavistas de Pernambuco, Bahía y Río de Janeiro, conectados con el tráfico negrero atlántico y complementados con la mandioca como alimento de base. Actividades secundarias, pero estratégicas, como la explotación del pau-brasil, la pesca de ballenas y la cría de ganado en el sertão y en el sur, diversificaron la producción y aseguraron el abastecimiento interno. Este entramado económico reforzó la dependencia del Brasil respecto a los circuitos mercantiles europeos, consolidando un modelo extractivo y esclavista que estructuró tanto el territorio como la sociedad colonial.

Tema 8 Evangelización y la llegada del Catolicismo

Durante el periodo filipino (1580–1700), la evangelización del Brasil se consolidó como parte esencial de la política imperial de los Austrias, articulando fe y poder en el marco de la monarquía católica y bajo la vigilancia inquisitorial. Las órdenes religiosas —jesuitas, franciscanos, benedictinos, carmelitas y mercedarios— fundaron colegios, conventos, aldeamentos y misiones, combinando catequesis, educación, producción agrícola y arquitectura, mientras difundían un rico repertorio de devociones marianas hispánicas (Pilar, Montserrat, Merced, Guadalupe, Candelaria, Copacabana, entre otras) que estructuraron el calendario litúrgico junto a Corpus Christi, Semana Santa o Santa Bárbara. En paralelo, las cofradías y hermandades se convirtieron en núcleos de vida religiosa y social, con funciones devocionales, mutualistas y étnicas, organizando procesiones y capillas tanto de blancos como de afrodescendientes e indígenas. Este dinamismo religioso dio lugar a un catolicismo popular y sincrético, en tensión con la Inquisición luso-hispánica, cuyas visitas a Bahía, Pernambuco, Río de Janeiro y São Paulo buscaron erradicar supersticiones, judaizantes y prácticas sincréticas. Así, la evangelización en los Brasis Hispánicos combinó disciplina tridentina, control inquisitorial y creatividad devocional, forjando una religiosidad híbrida que enraizó en el tejido social y cultural de la colonia.

Tema 9 Arte, religión y arquitectura

Durante la Unión Ibérica, el arte y la arquitectura en Brasil se desarrollaron bajo la impronta del estilo chão y del manierismo ibérico, que aportaron sobriedad y funcionalidad a iglesias, conventos y casas de gobierno, siguiendo el espíritu tridentino y las necesidades de rápida colonización. Ciudades como Belém y São Luís fueron trazadas con criterios geométricos de raíz hispánica, mientras ingenieros como Battista Antonelli y Francisco Frias da Mesquita introdujeron principios defensivos renacentistas en fortalezas y mapas. En paralelo, el arte sacro se convirtió en instrumento catequético: la escultura policromada de santos, vírgenes y mártires pobló altares, procesiones y cofradías, mientras la pintura religiosa decoraba bóvedas y sacristías en Salvador y Olinda, y la azulejería luso-hispánica transmitía mensajes bíblicos en claustros y conventos. De este cruce de influencias surgió un barroco filipino híbrido, que combinó formas europeas con aportes africanos e indígenas, proyectándose en la arquitectura, la escultura y la vida festiva como una verdadera lengua de ocupación cultural, cuyos ecos perduran en las ciudades coloniales brasileñas.

Tema 10 Cartografía y tecnología

Durante la Unión Ibérica, la ciencia aplicada al conocimiento y control del territorio se convirtió en herramienta clave de gobernanza. En este contexto surgieron figuras como Teixeira Albernaz, João Teixeira I y II, y Bento Teixeira, cuyos mapas y atlas permitieron construir una imagen política y estratégica del Brasil. Los mapas de Teixeira, como el de 1608 (preservado en Viena), el de 1612 o el gran atlas de 1640, constituyen verdaderas cartografías de Estado, combinando datos náuticos, hidrográficos, etnográficos y militares. Junto a ellos, el capitán-mayor Miguel Becerra Moreno, más conocido como Campos Moreno, elaboró los primeros mapas urbanos y militares sistemáticos del litoral brasileño, incluyendo planos de fortalezas, baterías costeras y ciudades estratégicas como Salvador, São Luís y Belém.

Estas producciones estaban al servicio del modelo de fortificación sistémica que los Austrias desarrollaron en sus posesiones ultramarinas. Siguiendo los principios de la ingeniería italiana y flamenca, adaptados al trópico, se proyectaron fortalezas como el Forte do Presépio (Belém, 1616), el Forte dos Reis Magos (Natal), y estructuras urbanas defensivas en Bahia, Recife y Rio de Janeiro. La cartografía no solo cumplía funciones defensivas, sino también fiscales, administrativas y simbólicas: consolidaba el dominio visual del imperio sobre territorios hasta entonces considerados “marginales” o “interiores”.

Tema 11 Gramáticas y lenguas

Paralela al dominio del espacio físico, la evangelización implicó un trabajo profundo sobre el lenguaje y la cultura. Los misioneros jesuitas —como José de Anchieta y Manuel da Nóbrega— desarrollaron las primeras gramáticas y diccionarios del tupi antiguo, lengua franca del litoral atlántico, como herramienta para la catequesis indígena. A falta de un idioma común, se utilizó también una rica catequesis gestual, con teatro, danza, imágenes, música y dramatizaciones que permitieran enseñar los dogmas tridentinos. Este sistema multisensorial dio lugar a una pedagogía compleja que hoy es estudiada por especialistas como Bartomeu Melià y Pablo Hernández.

Dentro de las reducciones, surgió una de las más notables manifestaciones culturales del periodo: la música guaraní y los instrumentos barrocos construidos por los propios indígenas, en colaboración con músicos de formación europea. Violines, flautas, arpas y coros polifónicos se integraban a las liturgias, haciendo de las misiones verdaderos polos de creación cultural. En paralelo, se desarrollaron saberes médicos y botánicos, a través del uso de plantas medicinales locales, documentadas en tratados de medicina jesuita, franciscana y laica. En el campo de la asistencia social, las Santas Casas de la Misericórdia, importadas del modelo portugués, ofrecían hospitales, orfanatos y ayuda a pobres, replicando en América la obra caritativa de la monarquía católica.

Concluyendo: Brasil hispánico....

Hispano: Hispanoamérica se refiere al conjunto de territorios americanos que, durante la época colonial, estuvieron bajo el dominio de la Monarquía Española. Incluye los virreinatos de Nueva España (aproximadamente el actual México y partes de los Estados Unidos y América Central), Perú, Nueva Granada, el Río de la Plata, así como Filipinas en el Pacífico (aunque Filipinas no está en las Américas).
Iberoamericano (o hispano): El término «iberoamericano» también proviene de la Península Ibérica como núcleo común de referencia (España y Portugal) y engloba a los países de América que se forjaron cultural y lingüísticamente a partir de estas coronas. De esta manera, «Iberoamérica» incluye los estados donde se habla oficialmente español o portugués como legado de los procesos de colonización de la Península Ibérica
Latinoamericano: El término «latinoamericano» (o «América Latina») se acuñó históricamente para agrupar a los países del continente americano que hablan idiomas derivados del latín (español, portugués y, en menor medida, francés o italiano). Por esta razón, América Latina incluye América hispana, Brasil y ciertas áreas de habla francesa (como Haití o, en el pasado, parte de Canadá).
Ibero-Abya Yala: Con el fin de abarcar tanto la riqueza original de los pueblos precolombinos como las herencias coloniales (y todo lo que ha sido sincero), nos gustaría reconocer que América es una construcción histórica y cultural profundamente mística y multiétnica, biodiversa, en la que convergen civilizaciones milenarias (aztecas, mayas, quechuas, aymaras, incas, guaraníes, tupíes, etc.) con importantes aportes europeos, africanos y asiáticos, con importantes fundamentos ibéricos que en Brasil terminan siendo dominantes, los Brasiles Hispánicos.